Una de las cosas que más echo de menos en mi nuevo hogar es la ventana de mi antigua habitación. Quizá no fuera una gran ventana, quizá no tenía unas vistas maravillosas, pero con los años me había acostumbrado a ella.
Una ventana, mi ventana, que me ofrecía miles de pequeños detalles: la luna llena, el arcoiris después de una lluvia intensa, conversaciones lejanas, golondrinas buscando comida para sus hijos, las plantas que mi madre cuidaba con tanto cariño, otras vidas en otras ventanas, …
Y ahora, aquí, sólo tengo una pared sin vida, que no me cuenta nada.
Una ventana, mi ventana, que me ofrecía miles de pequeños detalles: la luna llena, el arcoiris después de una lluvia intensa, conversaciones lejanas, golondrinas buscando comida para sus hijos, las plantas que mi madre cuidaba con tanto cariño, otras vidas en otras ventanas, …
Y ahora, aquí, sólo tengo una pared sin vida, que no me cuenta nada.
